
Jardiel Poncela se sabía un renovador, pero nunca quiso pertenecer a la vanguardia
oficial. Nunca se adhirió a ningún manifiesto artístico colectivo, sino que mantuvo
siempre un individualismo estético. Pero lo cierto es que perteneció de pleno a la
vanguardia artística surgida tras la Primera Guerra Mundial y ese avance sobre su tiempo
es seguramente la clave que explica el impacto que aún hoy sigue produciendo su obra. En
él se dan todas las características con las que se suele definir a aquel vanguardismo:
1) Ruptura con el pasado. Jardiel Poncela
tendió hacia nuevas formas y abogó por un cambio de orientación literaria. Consiguió
la des-sainetización del humor, procuró hacer un humor intelectualista y
ridiculizó los gastados moldes de sus predecesores.
2) Subversión expresiva. Llevó a cabo
una revolución en las formas narrativas, utilizando variedades de prosa nunca empleadas
antes en la narrativa. Entre estas innovaciones estilísticas cabría destacar la
segmentación, el empleo de interpolaciones, la aparición del lector y su opinión en el corpus
de la novela, las notas al pie, los textos apócrifos, toda una suerte de recursos
retóricos, dibujos, un grafismo personal (espacios en blanco, en negro, escritura en
columnas, recuadros, organigramas, caligramas) y muchos otros procedimientos usuales en
otros géneros, pero que él es el primero en emplear en la novela.
3) Relación de las artes. Jardiel nace
con los inicios del cine y no duda en servirse de todo tipo de elementos visuales en sus
textos. De hecho, aparte de sus innovaciones en el terreno dramático, cambia radicalmente
el estilo novelesco, insertando en él formas expresivas de otros géneros: es el primero
en mezclar la novela con el dialogismo teatral y con los estilos visuales tomados
directamente del cómic y del cine.
4) Internacionalismo. En todas sus obras
hace gala nuestro autor de un cosmopolitismo extremo, en un intento de liberar a las
letras españolas de su excesiva carga de regionalismo y costumbrismo.
5) Surrealismo. La literatura jardielesca
apela a los estratos más desinhibidos de la personalidad: a los niveles del
subconsciente, de los sueños, de los anhelos inexpresables.
Jardiel participa de igual forma de otros postulados del
vanguardismo. A nivel personal el suyo se centra en dos objetivos primordiales que a lo
largo de su carrera literaria consiguió cumplir: la búsqueda de originalidad y la
dignificación del humor.
Esta originalidad es fruto de su inconformismo,
que rompe con la tradición y la rutina narrativa del XIX. Uno de los caminos por los que
Jardiel llega a la deseada originalidad es el de la intelectualización de la lectura. Se
asegura de que exista siempre un mensaje oculto en cada párrafo, una denuncia a la
hipocresía reinante, una invitación continua a la reflexión sobre el mundo en el que
nos ha tocado vivir.
Y otro camino que elige hacia la innovación es
el del neo-barroquismo expresivo, mediante los recursos de la acumulación y la
exageración, en situaciones, personajes, ambientación y elementos. Su estética es rica
y no teme distorsionar la realidad.
Todo lo apuntado antes tiene un objetivo muy
preciso. Jardiel quiere reivindicar un género injustamente menospreciado. Trata de
dignificar la intelectualidad del humor y especifica los puntos fundamentales de su
visión del tema:
1. El humor no es un aspecto de la literatura,
no es un rasgo estilístico, sino un género literario de pleno derecho que podría
definirse como la sublimación de lo cómico, como su superación histórica.
2. Como tal género, no constituye un medio, sino
un fin en sí mismo.
3. La creación y apreciación del humor no son
fáciles, exigen una privilegiada capacidad intelectual y una muy depurada sensibilidad.
4. En el fondo de toda creación humorística
debe subyacer un fondo inalterable de poesía y ensueño, que permita distorsionar la
lógica de lo cotidiano.
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