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En los años finales de la década de los veinte, al
llegar el de 1927, especialmente significativo para la historia de la literatura
española, Enrique Jardiel Poncela mira hacia atrás, a su obra realizada hasta entonces,
y toma una decisión trascendente, casi heroica: la de rechazar todo lo publicado con
anterioridad e iniciar una nueva etapa literaria:
Pensé que cuanto llevaba
escrito, solo o en colaboración, era repugnante y mugriento; que, contra la indomable
repugnancia que me causaba lo dramático, empecé a adorar lo cómico, pero de cierto
modo.
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