|
Según
indica el mismo Jardiel, lo escribió, en verso, para el álbum «de una de esas
señoritas que coleccionan autógrafos de escritores, sin caer en la cuenta de que les
sería más útil coleccionar autógrafos de cuentarrentistas del Banco de España.».
Los versos unen sinceridad, desenfado y augurios
que habrían de cumplirse:
Retrato al pastel (de
hojaldre)
Nací armando el jaleo propio de
esas escenas;
me bautizó la Iglesia con arreglo a sus ritos,
y Aragón y Castilla circulan por mis venas
convertidos en rojo caldo de eritrocitos.
¿Cuál de las dos regiones pesa en mi corazón?
Es difícil hallar la clave del misterio...
Tal vez pesa Castilla cuando me pongo serio,
y cuando estoy alegre, tal vez pesa Aragón.
A semejanza de otras diversas criaturas,
me eduqué en el temor del Dios de las Alturas;
pero perdí el temor o la fe que es lo mismo,
cuando, en años después, practiqué el alpinismo.
Escribo, porque nunca he encontrado un remedio
mejor que el escribir para ahuyentar el tedio,
y en las agudas crisis que jalonan mi vida
siempre empleé la pluma como un insecticida.
Fuera de las cuartillas, no sé de otro nirvana.
No me importa la gloria, esa vil cortesana
que besa igual a todos: Lindbergh, Charlot, Beethoven...
Y no he ahorrado nunca, pensando en el mañana,
porque estoy persuadido de que he de morir joven.
| Y acertó. Porque murió a los
cincuenta años, joven pues, sobre todo si se tiene en cuenta la duración actual de las
existencias humanas. Y pobre, muy pobre, después de haber trabajado mucho, y de haber
ganado dinero, considerable dinero en algunas etapas de su vida. Una vez más, se cumplió
el sino de tantos escritores auténticos, que mueren a solas con su pobreza, y su
dignidad, como único patrimonio. Nada que tenga que ver con los currinches y aprovechados
de la literatura, tan abundantes ahora, menesterosos de popularidad y dinero, sobre todo
de este último, no importa con qué artes malas artes se consigan. |

|
|