Iglesia de San Martín |
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La iglesia de San Martín es el único testimonio que nos ha llegado de un
importante conjunto monástico perteneciente al patronato regio. Fundado en el año 1066
por la madre del entonces rey de Castilla y León, Fernando I, constituyó uno de los
monasterios más prósperos de su territorio antes de ser entregado a la orden borgoñona
de Cluny (1118). El templo
conservado en la actualidad se construyó hacia el año 1100 y, aunque muy restaurado a
comienzos de este siglo, constituye uno de los más importantes edificios románicos de la
península ibérica. La sencilla tipología planimétrica (basilical de tres naves, con
sendos ábsides semicirculares y transepto no destacado en planta) se inscribe en un
periodo que va desde las últimas décadas del siglo XI hasta, al menos, el primer cuarto
del XII (catedral de Jaca, primera fase de
la iglesia de San Isidoro de León, San Pedro de Arlanza, entre otras muestras). Pero el
edificio destaca por la equilibrada y armónica disposición de sus volúmenes, la
magnífica decoración escultórica que presenta tanto en su exterior como en su interior
y la elaborada articulación de sus paramentos, que embellecen el exterior, mediante
amplios vanos de medio punto que en la cabecera se complementan con columnas hasta la
cornisa. Asimismo, no se pueden omitir las dos torres cilíndricas en los ángulos de su
fachada occidental y el cimborrio octogonal, que compensan la horizontalidad de la
iglesia.
En el interior, la limitada dimensión de las
naves permitió que se las recubriera con bóvedas de cañón (de eje normal al templo) y
con arcos fajones. En los tres ábsides escalonados, se adoptaron bóvedas horno. El
crucero se cubrió mediante una cúpula semiesférica sobre trompas, en las que en se
introdujeron esculturas con los cuatro evangelistas. Ésta, junto a la torre y la referida
articulación absidal, ha sido la mayor aportación arquitectónica de Frómista, avalada
por su reiteración en innumerables templos románicos castellano-leoneses.
Hay que mencionar también la escultura monumental del interior, que constituye una de las mejores colecciones de capiteles historiados en una iglesia de estas dimensiones. Destacan los de la cabecera y, particularmente, el llamado capitel de la Orestíada. Con la Desamortización de 1835, la pequeña iglesia entró rápidamente en un estado de tan preocupante degradación que obligó a su cierre, situación que se mantuvo hasta la última década del siglo XIX. Fue entonces cuando se llevó a cabo la intervención, con un criterio reconstructivo bastante polémico que, sin embargo, respetó las líneas definitorias del edificio. |
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