Catedral |
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Sobre la pequeña basílica de tres naves y ábside
cuadrangular promovida por los monarcas asturianos en el siglo IX, a fines de la undécima
centuria se iniciaron las obras de una gran catedral. Se proyectó, desde sus cimientos,
para responder a una doble necesidad: la de constituirse en un relicario digno de albergar
las reliquias del apóstol y la de disponer de un espacio suficiente que diese cabida al
elevado número de peregrinos que se congregaba para venerarlas.Paradigma de la arquitectura románica, sus
características formales y espaciales llevaron a incluirla por la historiografía
artística dentro del grupo de las mal denominadas iglesias
de peregrinación.
Las obras, dilatadas en el tiempo cerca de ciento
cincuenta años, tienen dos momentos fundamentales: en torno a 1075/1077-1122 (inicio de
la fábrica bajo los obispados de don Diego Peláez y don Diego Gelmírez), y el período
comprendido entre las últimas décadas del siglo XII y los primeros años del XIII
(cuando asume la conclusión el taller encabezado por el Maestro Mateo).
Conocemos bien el proceso crono-constructivo de la catedral gracias a dos textos fundamentales, el Codex Calixtinus y la Historia Compostelana. Es una iglesia de grandes dimensiones, con planta
de cruz latina de tres naves y transepto de igual traza, cuyos brazos alcanzan un
desarrollo nada frecuente en el románico. En la cabecera se organiza un deambulatorio o
girola, con capillas radiales, que permite rodear el altar mayor para visitar
ordenadamente la tumba.
Sobre las naves laterales se dispuso una tribuna
que se abre a la central a través de los vanos del triforio (en forma de ventanas
geminadas). Sus elementos constitutivos son pilares cruciformes (con columnas adosadas en
los frentes), arcos de medio punto peraltados y bóvedas de cañón recorridas por
fajones.
Cada uno de los brazos de la cruz remataba en grandes portadas cuajadas de imágenes, de las que conservamos la meridional Portada de Platerías y la occidental Pórtico de la Gloria. Estas portadas daban acceso a un templo en el que era omnipresente la figuración del santo titular, bien como apóstol (como sucede en el parteluz del Pórtico de la Gloria), matamoros (en el tímpano de la batalla de Clavijo), o bajo la forma de los numerosos relicarios que donaban los fieles (entre los que destaca el conocido como busto de Santiago Alfeo). Objeto clave ligado igualmente a la
peregrinación es el tradicional botafumeiro.
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