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El Camino de Santiago

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El Apóstol:
realidad histórica

El obispo Teodomiro


pulse aquí para ampliar la imagenLa biografía de Santiago el Mayor, también conocido como Santiago Zebedeo o Santiago Boanerges (Hijo del Trueno, nombre con el que el propio Cristo lo calificó por su temperamento), oscila entre los escasos datos sobre su persona aportados por los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles y las tradiciones y leyendas forjadas tras su muerte.

La historia nos dice que fue hijo de Zebedeo y María Salomé. Aparece por primera vez en las Escrituras cuando es llamado por el Señor mientras reparaba unas redes junto al lago de Tiberiades en compañía de su padre y de su hermano, el futuro san Juan Evangelista.

Todavía los textos sagrados lo citan en otras tres ocasiones relevantes: él es uno de los tres elegidos para presenciar la resurrección de la hija de Jairo, para asistir a la transfiguración en el monte Tabor y para acompañar a Jesús en Getsemaní.

Tras la muerte de Cristo, predica su doctrina en las sinagogas de Judea y Samaria hasta que es condenado a muerte en el año 44 d. C. por orden de Herodes Agripa. Es el primero de los doce apóstoles en sufrir martirio.

pulse aquí para ampliar la imagenDe lo expuesto anteriormente no se puede deducir en ningún momento la presencia de Santiago en Hispania; de hecho, hay que esperar a fines del siglo VI para que, en un texto conocido como Breviario de los Apóstoles, se le atribuya la predicación en las regiones occidentales y su enterramiento en un lugar denominado como Arca Marmárica, identificado con posterioridad con un mausoleo funerario, construido con una estructura de arcos marmóreos, en el que se encontraron sus reliquias.

Según la leyenda, el Apóstol es decapitado, pero su cabeza no cae a tierra sino que queda entre sus brazos. De ellos nadie se la puede arrancar, hasta que llegan sus discípulos que, tras recoger su cuerpo, trasladan los restos en una nave desde Jerusalén hasta Galicia, al puerto de Iria Flavia. Una vez en tierra, colocan sus reliquias en un carro tirado por toros, que no se detendrán hasta llegar a un punto, tierra adentro, donde se construye una tumba y un altar.

La memoria del lugar se pierde a lo largo de los siglos hasta que, hacia el 830, el obispo Teodomiro descubre el sepulcro con el cuerpo del Apóstol. Casi medio siglo antes, un himno compuesto en tiempos del rey Mauregato (783-788), invocaba ya a Santiago como «cabeza refulgente de Hispania».



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