Lengua / Tópica
Por Jairo J. García Sánchez
Nos puede sorprender encontrar en una región topónimos que hagan mención explícita de otra distinta. Eso es lo que parece suceder en Castilla-La Mancha con nombres de poblaciones como Molina de Aragón y Chinchilla de Monte Aragón. Conviene aclarar, por tanto, el porqué de esas denominaciones. El primero de ellos, Molina de Aragón, es el nombre de una población guadalajareña, reconquistada por Alfonso el Batallador, rey de Aragón y consorte de Castilla, que se disputaron durante bastante tiempo los dos reinos. El apellido lo tomó Molina en un momento en que pertenecía a Aragón y lo ha conservado a pesar de que la localidad pasó definitivamente a manos de Castilla en 1375. El nombre de la población navarra de Petilla de Aragón casi podría considerarse análogo, pero, en realidad, es bastante diferente, pues constituye un enclave navarro en territorio aragonés; fue una cesión de Pedro II de Aragón a Sancho de Navarra en 1209.
Por su parte, Chinchilla de Monte Aragón explica su complemento por la referencia a la sierra del mismo nombre, Monte Aragón, que desde Chinchilla se extiende hasta el antiguo Reino de Valencia, y que se llamaría precisamente así porque llegaba hasta la frontera aragonesa (= valenciana). El primer componente no tiene un origen claro, pero podría tratarse del lat. senticella, diminutivo de sentis ‘espino, zarza’, con evolución característica del mozárabe o del superestrato árabe.
Otra pareja de topónimos interesantes son los conquenses Mota del Cuervo y Motilla del Palancar, donde el segundo puede mostrar una derivación diminutiva propiamente toponímica a partir del primero, es decir, habría tenido como referencia la primera población y no una «pequeña mota». Esta voz, mota, designa en principio un terraplén sobre el que se ha construido un castillo o fortaleza, si bien ha llegado a significar también la fortificación misma o una simple colina o elevación. Los complementos toponímicos de cada uno de ellos son bien distintos, y, aunque no se puede asegurar, pueden corresponderse respectivamente con un zoónimo y con un colectivo en -ar de palanca, quizás con el valor de ‘puente’ o ‘lugar de paso sobre un río’.
Concluimos el repaso a los topónimos de las poblaciones más relevantes de Castilla-La Mancha con dos nombres más, los de las poblaciones albaceteñas de La Roda y Hellín. El primero tiene su étimo en el lat. rota ‘rueda’, por lo que hay que pensar que tuvo como referencia algún aspecto redondeado del terreno (cf. Almodóvar ‘el redondo’). Mientras, por otro lado, el no lejano Hellín, documentado como Felin en la Edad Media, no tiene un origen conocido, aunque, al margen de una dudosa identificación con un prerromano Ilunum, podría remontarse al lat. figulina ‘taller de alfarería’. De ser así, serían artesanos del barro los que habrían constituido el núcleo originario de la actual población.