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Martes, 26 de julio de 2005

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Lengua / Tópica

Cataluña y sus topónimos (I)

Por Jairo J. García Sánchez

Cataluña/Catalunya, Barcelona, Badalona

La historia de Cataluña (cat. Catalunya), como la de los demás territorios hispánicos, se puede rastrear bastante bien a partir de los nombres de sus lugares. Sin embargo, no en todos los casos tenemos solución o explicación clara para ellos; los nombres más antiguos todavía se nos resisten y resulta complejo disipar las dudas sobre su origen. Sin ir más lejos, el mismo corónimo catalán, documentado desde 1114 como Cathalonia, plantea muchos problemas y, aunque se han aportado diversas propuestas etimológicas, ninguna se ha podido probar con seguridad. De entre las posibles interpretaciones, la más aceptada es la que hace derivar Cataluña de Lacetania, nombre de la región que ocupaba el antiguo pueblo prerromano de los lacetani (aproximadamente entre Cervera, Igualada, Manresa y el Vallés), a través de una introducción de tipo culto. El desarrollo del corónimo sería parecido al siguiente: Lacetania > Catelania (con metátesis de las consonantes) > Catalonia (adaptación análoga a otros nombres como Vasconia, Pannonia, Brittonia…) > Cataluña. Otras explicaciones, que generalmente parten del gentilicio catalán, parecen menos probables y presentan igualmente grandes dificultades fonéticas: así, se ha señalado que catalani o catalans podrían proceder de castellani o castellanos ‘habitantes de castillos’, por la abundancia de las fortalezas en este territorio; o que desde montecatanus, derivado culto de Montcada, se pudo formar un *montecatalanus, que, reducido a catalanus, se extendería luego por toda la región. Atrás ha quedado el hipotético nombre de *Gotholandia ‘tierra de godos’, supuestamente impuesto por los francos desde el otro lado de los Pirineos.

Si difícil es determinar el étimo de Cataluña, no lo es menos el de algunos topónimos de poblaciones catalanas; entre ellos, el mismo nombre de la capital Barcelona. La antigua Barcino (con acentuación en la primera sílaba) sigue teniendo hoy en día un origen prerromano desconocido y ni siquiera se puede confirmar su filiación: quizás ibérica o, por el contrario, más probablemente, indoeuropea. El hecho de que aparezca el nombre de barkeno en monedas ibéricas no nos saca de dudas. Debe descartarse, en cualquier caso, una relación con el nombre del famoso general cartaginés Amílcar Barca; pese a lo que algunas explicaciones legendarias, guiadas por el parecido formal, han llegado a postular, nada tiene que ver el nombre del general con el de la capital catalana.

Junto a Barcelona se encuentra Badalona, la antigua Baetulo, de etimología igualmente compleja. El topónimo parece tener un posible sufijo indoeuropeo -ul y un componente inicial bai-, que, para algunos, es indoeuropeo con el valor de ‘blanco, brillante’, y para otros, sin embargo, sería no indoeuropeo de sentido hidronímico.

Nos puede resultar curioso comprobar cómo en la propia Cataluña, aunque también fuera de ella, hallamos varios nombres de poblaciones importantes con la misma terminación -ona que Barcelona y Badalona. Hablaremos de ellos y de ese final característico ya en una próxima ocasión.

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