Lengua / Tópica
Por Jairo J. García Sánchez
Continuamos el repaso de los nombres de las poblaciones más representativas de Asturias con una serie de topónimos de etimología latinorromana.
Dentro de ellos ha de estar Gijón, que debe de ser un orónimo, es decir, un nombre que designa algún aspecto del terreno —de la orografía—, ya que parece remontarse a una antigua palabra latina saxum peñasco en formación aumentativa.
Más clara, casi transparente, resulta la motivación de Llanes, topónimo que se ha constituido desde el lat. planus, llano y que presenta una terminación -es característica del habla asturiana. Seguramente se trate del lat. (terras) planas, tierras llanas en el que planas ha pasado a planes, aunque también podría proceder de un plural planis en función locativa en (tierras) llanas.
La misma terminación se observa en el topónimo Mieres, que plantea una nueva disyuntiva: o bien es el lat. meras (aquas), aguas limpias con la particularidad ya señalada (-es < fem. pl. -as) o bien estamos ante una forma derivada del lat. milium, mijo, como miliaris, que sería responsable de otros topónimos asturianos (Miyares o Miyeres).
El topónimo Avilés es también de origen romano, pero tiene una motivación bien distinta, ya que, como muchos otros topónimos latinos conservados, responde en último término al nombre de un antiguo poseedor de terreno, casa de campo o explotación agraria. Así, Avilés tiene su étimo en el lat. abiliense, adjetivo derivado del nombre de persona Abilius, aplicado a una villa o fundo. Nótese que ese sufijo -ense es el mismo que el que se añade a algunos topónimos para formar su gentilicio culto (cf. tarraconense, emeritense, etc.), mientras que su propia forma evolucionada -és (< -ense) sirve para formar otros gentilicios más usuales en la lengua (cf. barcelonés, logroñés, etc.).
El último de los topónimos de nuestra lista, Villaviciosa, ha sido y es todavía objeto de frecuentes confusiones en su interpretación debido a la polisemia del segundo de sus componentes. El nombre de la población asturiana y el de otras homónimas (cf. Villaviciosa de Odón) permite observar un valor aún vigente del término vicioso (productivo, abundante), de muy poco uso, sin embargo, en la lengua actual. Villaviciosa es, por tanto, aunque no lo parezca, un ejemplo de lo que se suele llamar topofilia o toponimia propiciatoria, es decir, un nombre de lugar constituido por expresiones placenteras o agradables, indicadoras de calidades apreciadas que favorecen la ligazón del hombre con el espacio que habita (cf. Bellavista, Buenaventura, etc.). Lo curioso del caso es que el adjetivo viciosa, mediante ese desarrollo semántico, casi ha provocado el efecto contrario, hasta el punto de que no ha faltado quien, desconociendo el auténtico valor del topónimo, ha propuesto cambiarlo por el supuesto antónimo Villavirtuosa.