Lengua / Tópica
Por Jairo J. García Sánchez
Continuamos aquí el repaso de algunos de los más conocidos topónimos de la Región de Murcia con Alhama de Murcia, de origen claramente árabe; no hay duda. El topónimo procede del ár. al-hamma, fuente de aguas termales, nombre que se repite en otros puntos de la Península, por lo que para distinguirlo de sus homónimos se ha hecho necesaria, como en tantos otros casos, la adición del complemento provincial.
Un posible e interesante ejemplo de hibridismo árabe-románico lo constituye el topónimo Alcantarilla, ya que presenta una base árabe a la que se ha añadido un sufijo característicamente romance. Así es, el topónimo contiene la palabra árabe al-qantara, el puente, que ha dado lugar a numerosos topónimos (como los varios Alcántara), más el sufijo diminutivo -illa. A partir de este primer análisis el topónimo puede recibir al menos dos interpretaciones diferentes: o bien la formación diminutiva se ha realizado sobre el apelativo antes de convertirse en topónimo, con lo que alcántara habría tenido uso como apelativo romance adoptado del árabe, o bien el sufijo se ha añadido ya sobre un topónimo formado —uno de los topónimos Alcántara—, de manera que Alcantarilla sería un topónimo derivado y el hibridismo no sería tan palmario.
La etimología de Jumilla, nombre de fama por ser importante denominación de origen vitivinícola, es más compleja. Se ha propuesto como étimo el latín summa uilla, villa alta que, tras la alteración debida a su ineludible paso por la fonética árabe en *umilla, habría dado la forma actual mediante la adaptación del // árabe a j- y no a ch-, como, por el contrario, habría sucedido en el conquense Chumillas, de presumible idéntico origen.
El hecho de que ciertos nombres de localidades recuerden nombres de animales y casi de inmediato los topónimos se hayan relacionado con los respectivos zoónimos no deja de ser un aspecto curioso de la toponimia murciana. La realidad, sin embargo, nos indica que se trata de una coincidencia anecdótica en buena medida —aunque la forma de aquéllos puede haberse visto atraída por la de éstos— y no se debe establecer una clara identidad entre ambos nombres. Así, Mula no tiene que ver con el animal de carga, sino que con seguridad procede del lat. mola, muela en su acepción oronímica, cerro escarpado en lo alto y con cima plana, con cierre de la primera vocal por influjo árabe. Lo mismo podemos decir de Caravaca, topónimo prerromano a partir de la base oronímica karav-, relacionada con kar-, piedra, que de ninguna forma ha de vincularse con el apelativo vaca (< lat. uacca), ni menos todavía con su rostro. Águilas, no obstante, sí puede haberse originado en referencia al animal en cuestión, pues el águila es una de las aves más frecuentes en la toponimia española, pero no conviene descartar la posibilidad de que represente un nuevo ejemplo de etimología popular, tan abundante, como vemos, en las aparentes denominaciones animalescas.