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Lunes, 17 de abril de 2006

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Lengua / Tópica

Castilla-La Mancha y sus topónimos (II)

Por Jairo J. García Sánchez

Tarancón, Oropesa, Ocaña

Entre los topónimos más antiguos de Castilla-La Mancha se sitúan, además de Toledo y Talavera, comentados en un capítulo anterior, otros nombres como el de Tarancón, que muy posiblemente muestra una raíz similar a la de los dos mencionados. Así, además de una variante de la base *ter- de carácter hidronímico, se observa en él un componente -nk- que determina de manera clara su filiación como topónimo prerromano indoeuropeo. La terminación en -ón, a diferencia de lo que podría pensarse, no es un sufijo aumentativo, sino que, antes al contrario, puede tratarse de un diminutivo, pues ese es el valor que presenta con frecuencia en toponimia (cf. Cabezón, Torrejón, Arlanzón, etc.). El nombre pudo hacer alusión, por tanto, a la corriente del Riánsares, que atraviesa el término de la población conquense, aunque esto sea sólo una mera hipótesis.

Otro topónimo de compleja resolución, cuyo origen no se conoce con seguridad, es Oropesa. Sobre él se han vertido «divertidas» interpretaciones, como la que cuenta que los moros mantuvieron cautiva en la ciudad a una doncella y los templarios tuvieron que pagar por su rescate su peso en oro. Esta leyenda se ha identificado con el nombre de Oropesa (Pesa oro, Oro pesa) hasta el punto de que en el actual escudo de la población se representa la imagen de la doncella sosteniendo la balanza que determinaba su peso. Curiosamente esta explicación del «oro que se pesa» no es nueva para intentar aclarar un topónimo, pues ya Servio, comentarista latino de Virgilio, aducía un relato similar en el que el peso del oro había dado lugar al nombre de la ciudad italiana de Pisaurum, la actual Pésaro. Estas leyendas, sin embargo, no ayudan mucho a la hora de hacer transparentes los topónimos. En el caso concreto del nombre oropesano, hay que tener en cuenta, entre otros homónimos, el del castellonense Oropesa del Mar (cat. Orpesa), pues ambos se han relacionado con sendas formas Otobesa, documentadas en tiempos de los romanos, aunque nada seguro se puede afirmar respecto de su génesis.

También en la provincia de Toledo se encuentra Ocaña, nombre de etimología oscura que comporta asimismo notables dificultades. Para aclararlo se han postulado algunas hipótesis, como la que lo deriva de Oca (< Auca) por proceder quizás de ese lugar norteño sus primeros habitantes, o como la que lo cree una continuación de una uillaalcaneana, a partir de un topónimo prerromano Alces o Alce. La cuestión no está resuelta y permanece abierta.

Como vemos, no todos los topónimos castellano-manchegos tienen todavía una etimología y una historia bien definidas. Algunos se corresponden con poblamientos antiguos o con una continuidad denominativa desde tiempos remotos, y su pista se pierde, como es el caso, más allá de las primeras formas documentadas, no siempre suficientes para determinar su origen. En próximos capítulos tendremos ya ocasión de analizar nombres de poblaciones relevantes cuya forma y motivación iniciales están bastante más claras.

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