Lengua / Tópica
Por Jairo J. García Sánchez
Volvemos a tomar aquí el repaso de los topónimos de las Islas Baleares con aquellos de origen latino, impuestos durante la dominación romana de las islas, tras la victoria de los romanos sobre los cartagineses en las Guerras Púnicas.
Comprobamos enseguida que los topónimos de este origen son abundantes. Podemos empezar por los nombres de las dos islas de mayor superficie: Mallorca (< Maiorica) y Menorca (< Minorica), así llamadas por ser la mayor y la menor de las Baleares, cuando las islas menores, como Ibiza o Formentera (islas Pitiusas), no estaban incluidas entre aquéllas. Mallorca y Menorca son, por tanto, dos topónimos correlativos: la mayor y la menor, una respecto de la otra. Formentera (< lat. Promontoria promontorios), por su parte, es asimismo de evidente étimo latino, aunque, como vemos, respondería ya a una motivación distinta: seguramente los pequeños promontorios de Barbaria y de la Mola avistados desde el mar; el topónimo experimentaría una ligera adaptación en su paso por la lengua árabe.
El nombre de la capital balear, Palma, es también latino —alude a la planta—, aunque sólo es oficial desde principios del siglo xviii y convive en ventaja con el catalán Ciutat de Mallorca. Este mismo nombre en diminutivo, Ciudadela, o más exactamente el cat. Ciutadella, ha servido para denominar la población no lejana de la Ciutat, situada en el costado occidental de la isla de Menorca, como si de esta forma se reprodujera el contraste entre Maiorica y Minorica.
Buena parte de las localidades mallorquinas poseen un nombre de origen latino. Vemos, si no, que Manacor se deriva de un lat. (villa / pinna) monachorum (villa o peña) de los monjes; Llucmajor es evolución del lat. lucum maiorem bosque grande, mayor; Pollensa (Pollença) es un nombre favorecedor a partir del lat. Pollentia poderosa, potente, del mismo tipo que Valencia (< lat. Valentia) o Plasencia (< lat. Placentia); Felanich (Felanitx) procede del lat. Fenales terrenos de heno —término que en zona castellana ha dado Henares—, con alternancia de consonantes, cambio de acento y palatalización de la -s final por influencia árabe; y Andrach (Andratx) puede provenir de un lat. antra cuevas, con adición de -s hipercaracterizante del plural y mismo fenómeno de palatalización que en Felanich. Dejamos pendiente para un último capítulo otros topónimos característicos y de procedencia distinta.